A Borges le conté todo antes de empezar, quería estar seguro, era un primer año. Tal vez hubiera sido mejor convocar a Rodari, pero no hablo italiano. Las chicas y chicos entraron como si regalaran algo en la biblioteca. Se sentaron como en el siglo XIX: chicas por un lado y chicos por el otro. Pedí que se cambiaran de lugar para volver al año 2025. Einstein se reía de mí.
—¿Cuánto tarda la luz del Sol en llegar a la Tierra? —la pregunta abrió un hueco en el techo de la biblioteca y la luz debe haberlos enceguecido a todos, pero... ¿por qué no hablaban? Tardaron en reaccionar, pensé que los melones se acomodarían cuando empezaran a moverse los camiones.
—No quiero sentarme acá —me dijo uno de los chicos con tono de denuncia.
Iba a decirle que no siempre hacemos lo que queremos, pero, hice todo lo contrario y firmé con él un contrato: se podría sentar donde quisiera, mientras que ocupara un lugar desde el que pudiera participar en lo que haríamos a continuación.
A veces las cosas funcionan y otras veces no. Apenas estaba ubicado en su lugar dijo:
—Aproximadamente ocho minutos —si no hubiera estado sentado, me habría costado permanecer de pie.
—¿Por qué tarda en llegar? —pregunté.
—Porque el Sol está lejos —contestó otro y empecé a entrar en un estado de euforia, pero disimulé.
—Eso quiere decir que la luz que hay ahora a nuestro alrededor salió del Sol...
—No, de los tubos fluorescentes ——la voz de una de las chicas me interrumpió y las risas me deslumbraron.
—Pero la luz que está afuera de la biblioteca ¿no está a nuestro alrededor también? —dije cuando terminé de reírme y como quien no quiere la cosa y ya que no había ganado, traté de empatarla— Creo que la luz del Sol que está ahora mismo en la Tierra salió del Sol hace ocho minutos.
—¿Es cierto que no hay nada más rápido que la velocidad de la luz? —preguntó alguien.
—Eso dicen —lo dije como quien afirma que existen los fantasmas y después— la luz es tan rápida que en un segundo recorre 300 mil kilómetros, que son como 2000 viajes ida y vuelta desde acá hasta Claromecó. En un segundo.
—¡A qué va más rápido el profe en la moto! —dijo uno.
—¿La colgás profe? —aprovechó otro.
—No, ni loco, quiero llegar a viejo —respondí a los dos a la vez y traté de volver a ordenar la charla— La luz del Sol que llega a la Tierra es luz... —hice de cuenta que buscaba la palabra —es luz vieja.