—Si decimos que hay un año uno en nuestra vida, es decir, desde el nacimiento hasta que cumplimos el primer año... ¿cuántos años teníamos entonces? —esa pausa que produce el hecho de que están pensando me da una satisfacción enorme.
—Cero —dijeron varios a una sola voz.
—Bien, ahora... antes habías dicho 2025 —miré a ese estudiante a los ojos y luego busqué al resto— los años del calendario son parecidos... ¿cuándo empieza el año?
—El 1 de enero.
—No —interrumpió una chica que administraba la necesidad de ser lo más precisa posible— el 31 de diciembre a las 23:59, 59, 59, 9999.
—A las cero horas del 1 de enero —su amiga ajustó la sintonía.
—Muy bien —dije y después— ustedes nacieron después del año 2000, pero, saben que hubo un año 2000, ¿cuál fue el anterior?
—El mil novecientos... —hacía la cuenta en el aire y la demora le valió un comienzo de abucheo que no prosperó— noventa y nueve.
Sintiendo que era el momento, presioné el botón rojo:
—¿Y el año anterior al uno?
—El cero.
—¿Se acuerdan ustedes como se escribe el año uno en números romanos?
—Así —dijo uno de los chicos y dibujó en el aire un palito.
—¿Y el dos? —pregunté.
—Palito palito.
—¿Y el cero? —de pronto la biblioteca se llenó de ese silencio que produce un motor justo después de apagarse, nada...
—No hay cero en los números romanos. Fíjense: ¿cómo se escribe el diez?
—Equis —respondió una de las chicas mientras cruzaba los dedos.
—¿Y el veinte?
—Equis equis...
—O sea que para decir veinte escribían diez diez, no escribía uno cero uno cero, ¿se dan cuenta? No hay año cero, porque, cuando se empezaron a contar los años, el cero, todavía no había nacido. Y entonces antes del año uno no hay un año cero, hay un año menos uno. Y esto tiene mucho sentido. Fíjense:
Dibujé en una hoja una línea, puse el menos dos y el menos uno a la izquierda y pegados el uno y el dos a la derecha.
—Déjenme que sea sincero: el cero no cuenta —hice una pausa— uno más cero sigue siendo uno. Por lo tanto el cero no puede ser un año porque de lo contrario habría que contarlo. Pobres chicos, hasta yo me trabé al escribirlo... entonces, sobre la línea entre el menos uno y el uno hice una rayita y dibujé un circulito muy parecido a un cero bien chiquito..
—Esto no es un cero, es una o, la o de origen. Ahí empiezan —para un lado y para otro— a contarse los años.
Tal vez ahora el silencio era producido por la indignación, se sentían estafados.