Al día siguiente vinieron los de segundo año. Con la preceptora, después del recreo, sin aviso previo... había faltado la profesora de «Físico-química».
—Aprovecho —le dije a la prece.
—¿Querés que me quede? —me preguntó y fue como si la cortesía del preaviso hubiera llegado tarde.
—No hace falta, yo me arreglo —alcancé a decirle antes de que saliera.
—El otro día —les dije a las chicas y a los chicos que ya se habían sentado— les conté a los de primero algo sobre la velocidad de la luz, pero sonó el timbre antes de que termináramos la charla ¿Qué les parece si hablamos de eso?
—¿Hablar? —preguntó una y arremetió— si solamente hay que hablar, bueno... una paja, no tengo ganas de hacer nada.
—Hablar implica escuchar, usar el pensamiento e incluso en algunos casos puede involucrar la necesidad de expresar el pensamiento con palabras, es decir: para hablar hay que hablar. Ya los estoy escuchando que dicen que en la biblioteca no hicieron nada. Pero es un montón.
—Nada que ver con escribir —arriesga otra— tuvimos que copiar como dos hojas...
—¡Qué vaga, nena! Sos re... —dijo otra y la interrumpí justo a tiempo.
—A los de primero les conté que la luz que llegaba del Sol era luz vieja... vos, ¿de qué signo sos? —me dirigí a la chica que había interrumpido.
—De capricornio, pero... ¿qué tiene que ver? —me encanta cuando preguntan eso.
—¿Por qué sos de capricornio? —me apuré para que no prosperara la violencia.
—Qué se yo, profe, porque sí.
—¿Alguien sabe por qué alguien es de un determinado signo del zodíaco? —generalicé.
—Por la fecha en la que nacés —respondió uno de los chicos, que parece que tenía claro el tema— si sos de Capricornio es porque nacés entre el 22 de diciembre y el 20 de enero.
—Nací el 23, ahora me acuerdo.
—¡Ahora te acordás del día que naciste! —hubo risas, pero la tensión iba en aumento.
—Ahora vamos a pensar qué tiene que ver con la velocidad de la luz. Si alguien es de un signo es porque en el momento de su nacimiento el Sol en ese momento parecía estar en una constelación determinada, en este caso la constelación de Capricornio.
—¿Qué es una constelación? —preguntó la que no tenía ganas de hacer nada.
—Es un grupo de estrellas que parece en el cielo formar algunos dibujos o formas, por ejemplo la Cruz del Sur o las Tres Marías... ¿las vieron alguna vez?
—Sí, sí... Entonces, tendría que haber una constelación por cada signo, ¿no? —para no tener ganas de nada ya era un montón una pregunta, pero dos...
—Claro ¿alguien recuerda cuántos signos hay en el zodíaco? —disimulé mal mi entusiasmo.
—Doce —se apresuró a contestar, estaba enganchadísima, igual que yo.
—Muy bien, el Sol, durante el año atraviesa las doce constelaciones zodiacales y cada uno nace entonces, dentro de un determinado signo.
—¡Yo no soy de ningún signo! —dijo uno de los chicos.
—¿Cuándo naciste? —le pregunté.
—El 14 de noviembre.
—Entonces sos de Escorpio —le dijo ella, rápida, certera.
—Pero... —¿por qué es de Escorpio? —me daba la sensación de que éramos un buen dúo.
—Porque nació entre el 23 de octubre y el 21 de noviembre —respondió ella, fantástica, impecable.
—Bueno, lo que voy a decir ahora no va a gustarte ni un poco —le dije mirándola con seriedad y un poco de miedo y proseguí— Si la luz del Sol tarda ocho minutos en llegar a la Tierra ¿Cuánto tiempo tardaríamos en darnos cuenta de que el Sol se apagó?
—Ocho minutos —se adelantó un compañero de la chica que estaba todavía aturdida o a la defensa.
—Exacto... El Sol es una estrella y su luz tarda en recorrer el espacio que hay hasta la Tierra ocho minutos, viajando a la velocidad de la luz. Como las distancias en el espacio suelen ser muy grandes, se usa la velocidad de la luz para decir las distancias: el Sol está a ocho minutos luz de la Tierra —miré para ver si me seguían.
—De ahí los años luz —dijo ella, recuperada.
—Para llegar a la estrella más cercana hay que recorrer un espacio aproximado de cuatro años luz, hasta Proxima Centauri —dije y seguí enseguida— si Proxima Centauri se apagara tardaríamos cuatro años en darnos cuenta— abrí el frasco y dejé que el perfume se expandiera.
—Profe, ¡alguien se tiró un pedo! —las risas agregaron confusión en un espacio en el que no entraba más nada.